domingo, 11 de diciembre de 2011


El cristiano no abomina la Navidad, abomina las expresiones mundanas de la Saturnalia

Llegó diciembre, y con este mes llega una época en que al ser humano se le despierta una especie de ternura reprimida. Todo un resto del año, afanado, inmerso en las tareas diarias, le distraen de su verdadera vocación: amar. El hombre fue creado para amar, pero es en este mes del año, cuando se busca la escapada hacia la demostración cariñosa. Se hace a un lado el trabajo y la egolatría y, aun cuando sabemos que la situación hoy es difícil, se hace una pausa, una tímida tregua en el afán cotidiano, para abrazar al prójimo, desearle algo bueno, enviarle una felicitación escrita, hacerle un regalo y olvidar diferencias. Todo esto, por unos cuantos días, en que el hombre celebra algo que desconoce: la Navidad.

El hombre no puede ocultar un hecho real: Dios visitó esta tierra como estaba profetizado por Miqueas, hace ya 27 siglos: “He aquí Dios sale de su lugar, y descenderá y hollará las alturas de la tierra. Y se derretirán los montes debajo de Él, y los valles se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por un precipicio. Todo esto, por la rebelión y los pecados del hombre...” (Miqueas 1:3-5). Y la Palabra se cumple: Hace 20 siglos el apóstol Juan testifica: “Y aquél Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros y vimos su gloria, gloria como la del Unigénito Padre, lleno de gracia y verdad” (Juan 1:14). Juan dio testimonio de Él, y todo ocurre, como estaba escrito. Otro profeta, Isaías, dijo cómo ocurriría: “He aquí que la virgen concebirá  y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14)... “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro y se llamará su Nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6). Y esa palabra se cumple. Mateo relata: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo “He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: “Dios con nosotros” (Mateo 1:22-23). “Y dio a luz a su hijo primogénito y le puso por nombre Jesús” (Mateo 1:25).
No es desconocido para todos esta realidad, aunque el polvo del tiempo se ha encargado de ocultar algunos detalles, para la mejor comprensión de lo que el hombre celebra y la forma en que lo hace, aún sin entenderlo. Pocos conocen el significado profundo de este advenimiento divino en carne, pero lo celebran. Y así comenzó una costumbre que en el devenir de los siglos se hizo ley: hay que celebrar el Nacimiento del Hijo de Dios. ¿Cuándo? ¿En qué fecha nació Jesús? Nadie podría determinarlo con exactitud, pero la costumbre y la tradición le fijaron distraídamente una fecha, y todos se tienen que sujetar a ella.
UN PRETEXTO MUNDANO
La palabra Navidad es procedente de la palabra "Natividad", la cual significa "Nacimiento". En otras palabras, sin importar con cuáles otras celebraciones de fin de año coincidan las Navidades, es indudable que la celebración de las Navidades alude a un "Nacimiento". ¿El nacimiento de quién? El Diccionario de la Real Academia Española, en su definición de "Navidad" nos proporciona la respuesta: "Navidad: Natividad de Nuestro Señor Jesucristo; Día en que se celebra"  Diccionario de la Real Academia Española. Espasa, España, 1996. Pág. 776. 

El enemigo de Dios y del hombre ha usado esta fecha, esta palabra y esta celebración para distraer al hombre del significado profundo que tiene el nacimiento más notable que haya ocurrido en toda la humanidad desde que el mundo fue creado: el Nacimiento de Dios, hecho carne, sobre la tierra.

Nosotros los cristianos esperamos con ansias la llegada de las Navidades en todo el mundo para dar riendas sueltas a nuestra alegría al recordar el nacimiento de nuestro Salvador. Sin embargo, para un observador imparcial, la forma en la que se celebran las Navidades podría resultar reprochable, especialmente en las grandes ciudades, donde la gente celebra de maneras que no podrían nunca ser consideradas cristianas. 

Dicho esto, es apropiado también decir que a través del paso del tiempo se han agregado muchas costumbres tradicionales y seculares a la celebración de las Navidades. Estas adiciones socavan la celebración auténtica del nacimiento de nuestro Señor y Salvador. El materialismo que día tras día más y más rodea esta celebración obviamente nos dirigen a lo superficial, material y mundano. Durante las Navidades las tiendas reportan ventas récords de alcohol, el uso de drogas aumenta desmesuradamente y la gente parece solamente estar concentrada en la diversión. 

No obstante a todo esto, los Cristianos continuamos navegando contra la corriente y continuamos uniéndonos en comunión en nuestros templos, grandes y pequeños, para celebrar el nacimiento del Señor. Pero el materialismo que nos rodea es desenfrenado y tiende a entristecernos. La gente se olvida de lo que realmente da razón a la celebración de estas fechas. Es por esta razón que es esencial que continuemos alejados de influencias anticristianas durante este período del año cuando, sin importar que en realidad marque la fecha exacta del nacimiento de Cristo, hemos separado para recordar el nacimiento del Salvador de la humanidad. ¡Qué bueno y aliciente es saber qué hace unos 2,000 años nació el Prometido! ¡Qué delicioso es saber que durante todo el año, pasamos por momentos difíciles, pero que al final del año podemos recordar que un día cualquiera la fecha no es importante nació el Redentor de nosotros los pecadores! 

¿Y QUÉ DE LOS ÁRBOLES DE NAVIDAD? ¿NO SON ELLOS UNA TRADICIÓN PAGANA? 

Esta es una tradición que obligatoriamente debemos mencionar ya que varios hermanos me han solicitado que exponga la posición con respecto al uso de los árboles navideños durante la celebración de las Navidades. 

Existen varias historias acerca del origen de los árboles navideños. Hubo un tiempo que la gente de Escandinavia hasta los adoraba. Otras culturas, incluyendo a los romanos, quienes adoraban cientos de dioses, creían que las ramas verdes de los árboles traían buena suerte. Por su parte los alemanes fueron los que probablemente usaron los árboles como decoraciones navideñas. Pero hasta en los tiempos bíblicos ya existía una costumbre parecida. Después de todo, es el estándar bíblico el que debemos usar para decidir positiva o negativamente. 

"Oíd la palabra que ha hablado Jehová acerca de vosotros, oh casa de Israel. Así ha dicho Jehová: "No aprendáis el camino de las naciones, ni tengáis temor de las señales del cielo, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad: Cortan un árbol del bosque, y las manos del escultor lo labran con la azuela. Lo adornan con plata y oro; lo afirman con clavos y martillo para que no se tambalee. Son como un espantapájaros en un huerto de pepinos. No hablan; son llevados, porque no pueden dar un paso. No tengáis temor de ellos, porque no pueden hacer daño ni tampoco tienen poder para hacer bien." Jeremías 10:1

Es totalmente obvio que en este caso bíblico aludido por el profeta Jeremías, esta gente cortaba los árboles, los decoraba ¡y los adoraba! Pero la Palabra del Señor instruía a su Pueblo a no se dejaran influir por estas costumbres paganas, ya que no tenían el poder que la gente reclamaba que tenían ni eran capaces de hacer las cosas que sus adoradoras creían. El Señor claramente le hace saber a su Pueblo que no hay poder en los árboles. El mal se encontraba en la adoración de los árboles, tal y como está el mal en la adoración de una estatua (Buda), una fotografía de Jesús, una imagen de la virgen María o cualquier otro objeto. 

La conclusión práctica es que el mal no yace en colocar los árboles de navidad. Si nosotros colocamos y decoramos un árbol con escenas del nacimiento, evidentemente estamos recordando el nacimiento del Salvador, ¡NUNCA alabando al árbol mismo! 

Una iglesia en crecimiento compra un edificio que no fue fabricado para ser un templo, sin embargo la congregación da gracias a Dios por bendecirlos con una nueva edificación donde puede alabar con mayor amplitud. Una iglesia en crecimiento usa artefactos como altos parlantes o bocinas e instrumentos que no fueron creados con la finalidad exclusiva de adorar a Dios, pero tan pronto estos instrumentos y equipos electrónicos son obtenidos por la iglesia y "separados" para el servicio del Creador, éstos quedan automáticamente santificados, y no deben ser usados para otros fines que no sean los de la alabanza a Dios. Sin embargo, muchos dicen que no debemos escuchar merengues, salsas, cumbias, o rock cristiano, "porque esa música no es de Dios". ¿Pues son los instrumentos musicales fabricados para Dios desde el principio? ¡No! Ellos son santificados y separados para el servicio una vez son obtenidos con el dinero del pueblo Santo y usados en las alabanzas del Salvador. Un merengue o un Rock pueden ser compuestos para alabar, y el hecho de que sean merengue o rock, no los hace inaceptables ante Dios. 

Lo mismo podría decirse de los árboles. Es el propósito con que se coloque el árbol en la casa, el que determina si es aceptable ante Dios o no lo es. 

Cuando Caín y Abel trajeron sus sacrificios, el de Caín no fue agradable a Dios, no porque fuera el fruto de la tierra. ¡No! La razón fue porque Caín no le trajo la primicia de sus frutos a Jehová. Abel sí lo hizo. Dios no anda buscando ovejas en vez de frutos de la tierra. ¡Él anda en busca de siervos que le alaben en espíritu y en verdad! Sea con la intención de recordar su nacimiento, un merengue, una oración, una danza, una tambora, una trompeta, o a cappella. 

¿EXISTE ALGUNA REFERENCIA BÍBLICA SOBRE EL USO DE ÁRBOLES PARA FINES CRISTIANOS? 

Existen referencias bíblicas que muestran que el uso de árboles y sus ramas para fines de alabanza al Dios Verdadero no son rechazados por Dios. El Señor ordenó a la casa de Israel durante las fiestas de tabernáculo hacer exactamente eso. Veamos: 

"El primer día tomaréis para vosotros fruto de árbol hermoso: ramas de palmera, ramas de árboles frondosos y de sauces de los arroyos; y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios durante siete días. Celebraréis fiesta a Jehová durante siete días cada año. Esto es un estatuto perpetuo para vosotros, a través de vuestras generaciones. La celebraréis en el mes séptimo." Levíticos 23:40-41

Otro ejemplo lo podemos encontrar en el Nuevo Testamento: 

"Al día siguiente, cuando oyeron que Jesús venía a Jerusalén, la gran multitud que había venido a la fiesta tomó ramas de palmera y salió a recibirle, y le aclamaban a gritos: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!"
 
ESTAS ACCIONES SON MAS ASUNTOS DE CONCIENCIA QUE DE DOCTRINA

….Y por motivos de conciencia, PORQUE DEL SEÑOR ES LA TIERRA Y TODO LO QUE EN ELLA HAY. La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia de otro?  1 Corintios 10:28-29

2 comentarios:

  1. Parte de este material es mío y parte de otros autores....solo pretendo dar claridad a algunos asuntos que se convierten más en piedras de tropiezo que en bendición para esta época

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  2. No es justo que en diciembre las familias donde hay cristianos evangélicos y otros no….a causa de estas diferencias generen un clima de contiendas y divisiones, cuando lo que se debería hacer es usar estas fechas como pretexto para compartir el amor en familia CELEBRANDO EL MISTERIO DEL DIOS HECHO HOMBRE

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